El descuento que regala margen a quien iba a comprar de todos modos: cómo segmentar antes de descontar

Casi todos los retailers han lanzado alguna vez esta campaña. Un correo, una notificación push, un cupón con el mismo descuento para toda la base de clientes. Se manda un lunes, se abre el martes, y el jueves ya hay un informe con tasa de apertura y número de canjes.

Parece que ha funcionado, pero lo que casi nadie mide es lo único que importa de verdad: cuántos de esos clientes iban a comprar exactamente igual, con cupón o sin él. Sin segmentación RFM aplicada a retail (sin mirar cuándo compró, con qué frecuencia y cuánto gasta cada cliente), esa pregunta no tiene respuesta.

 

El síntoma: la campaña que sale a toda la base

El patrón se repite con pocas variaciones, se acerca una fecha con presión comercial: fin de temporada, un objetivo de ticket que no se cumple, un competidor que ha lanzado una promoción agresiva.

La respuesta suele ser la misma, un descuento igual para todos los que están en la base de datos, sin tener en cuenta el comportamiento de compra, sin mirar la frecuencia, sin diferenciar lo que ese cliente compra habitualmente ni cuándo lo compró por última vez. Hay una fecha, un porcentaje y un botón de enviar.

Y funciona, en el sentido de que genera ventas esa semana, pero el problema no está en si la campaña convierte, sino en a quién convierte. Dentro de esa base hay al menos tres tipos de cliente que van a reaccionar de forma muy distinta al mismo cupón, y la campaña los trata a todos igual.

Segmentar antes de descontar es aplicar la segmentación RFM al retail: decidir el incentivo según cuándo compró el cliente por última vez (Recency), con qué frecuencia compra (Frequency) y cuánto gasta (Monetary), en lugar de enviar el mismo cupón a toda la base de clientes. Es la forma de crear programas de fidelización que aumentan las ventas sin reducir innecesariamente el margen.

 Por qué ocurre

La causa casi nunca es negligencia, es más bien una limitación estructural que empieza mucho antes de que alguien pulse «enviar».

Qué es la segmentación RFM aplicada a retail

La segmentación RFM aplicada a retail consiste en clasificar a cada cliente según tres datos de su comportamiento real de compra: cuándo compró por última vez, con qué frecuencia compra y cuánto gasta. Con esos tres datos, una campaña puede distinguir entre el cliente que ya iba a comprar y el que necesita un empujón de verdad, en lugar de tratarlos igual.

En muchos equipos de marketing, crear un segmento de verdad depende de IT, no de una lista exportada una vez, sino de un grupo que se actualiza solo según el comportamiento. 

Marketing pide el segmento, alguien de IT tiene que curar los datos que viven repartidos entre el TPV, el ecommerce y los canales de mensajería, cruzarlos a mano y devolver un archivo. Ese archivo es una foto fija y el mismo día que se genera ya empieza a quedarse desactualizado, porque el segmento sigue congelado.

Es el mismo problema visto desde otro ángulo: quien gestiona el día a día del programa de fidelización sabe que el cliente de tienda y el de la web son la misma persona, pero su plataforma los sigue tratando como dos desconocidos. Si el sistema no reconoce que es un único cliente, tampoco puede decidir con criterio si necesita un incentivo para comprar o no.

Cuando conseguir un segmento cuesta días o semanas de trabajo de otro equipo, no segmentar pasa a ser la opción razonable, al menos para quien tiene que sacar la campaña esta semana. Es más rápido, no depende de que IT tenga hueco entre el mantenimiento del ERP y el TPV, por eso la pereza no es del equipo de marketing, es del sistema que hace que segmentar bien salga más caro que no hacerlo.

 

El coste de no segmentar no se ve en la cuenta de resultados hasta que es tarde

Ese coste no aparece como una línea negativa evidente, sino que se disuelve en el margen de cada campaña, mes tras mes, hasta que alguien (normalmente el CFO) pregunta por qué el gasto en promociones sube cada trimestre sin que la recurrencia mejore al mismo ritmo. 

Para entonces ya es un hábito instalado, no una decisión puntual que se pueda revertir con un ajuste.

 

Lo que de verdad pasa con el margen

Dentro de cualquier base de clientes a la que se envía un descuento masivo hay, como mínimo, tres grupos que van a reaccionar de forma distinta al mismo cupón:

  • El cliente que iba a comprar esa semana de todos modos, con o sin descuento, porque ya tenía intención de compra o compra con esa frecuencia.
  • El cliente al que el descuento sí le hace decidirse, porque estaba dudando entre comprar ahora o esperar, o entre esa marca y otra.
  • El cliente que ni con descuento va a comprar, porque no está en su ciclo de compra en ese momento, por motivos que no tienen nada que ver con el precio.

El «descuento igual para todos» no distingue entre estos tres grupos porque no puede, no tiene la segmentación necesaria para hacerlo. Eso significa que el margen que se resta en el primer grupo, el que ya iba a comprar, es margen puro que se regala sin que la campaña gane nada a cambio. No hay una venta nueva ahí, es la misma venta que iba a producirse, con menos margen.

Piensa en un ejemplo sencillo para visualizar el mecanismo: una cadena manda un cupón del mismo importe a toda su base el fin de semana de cambio de temporada. Una parte de esos clientes iba a pasar por tienda esa misma semana de todos modos, porque es su rutina de compra habitual. 

Para ellos, el cupón no cambia nada su decisión de comprar, solo reduce lo que pagan por algo que ya iban a llevarse. El margen que se resta ahí no ha comprado ninguna venta adicional; ha comprado, como mucho, la sensación de haber «hecho algo» esa semana.

Cuanto más se repite esta mecánica, más se entrena a la base de clientes a esperar la próxima promoción antes de comprar al precio normal. El descuento deja de ser una palanca puntual y pasa a ser la expectativa por defecto, ahí es donde el margen se erosiona de forma estructural, no solo en la campaña que lo originó.

 

Consecuencias: margen, rentabilidad y (la parte que sorprende) tampoco fideliza más

Y hay algo que se suele pasar por alto: este tipo de campaña no solo cuesta margen, sino que tampoco construye fidelización real. Un cliente que compra porque hay un descuento activo no está desarrollando ninguna relación distinta con la marca, está respondiendo al precio, igual que respondería al precio de cualquier otra marca. En cuanto el descuento desaparece, no hay ningún motivo adicional para que vuelva antes que a la competencia.

La fidelización que genera recurrencia real viene de otro sitio. De que el cliente reciba algo que reconoce como relevante para él, no para «todos los clientes», y de que ese beneficio llegue en el momento en que tiene sentido, no cuando lo dicta el calendario de campañas.

Un programa que solo sabe hacer descuentos masivos no tiene ni relevancia individual ni sincronía con el comportamiento real del cliente.

Esto es lo que separa una tarjeta de puntos, o un cupón genérico, de un programa de fidelización que funciona de verdad, la diferencia no está en el nombre ni en la tecnología detrás, está en si el beneficio se decide para cada cliente o para toda la base a la vez.

Cómo lo aborda la metodología de Wapping

El punto de partida no es «descontar menos», sino cambiar la pregunta de «qué descuento mandamos esta semana» a «qué necesita este cliente concreto para que valga la pena regalarle margen».

Segmentación dinámica sin depender de IT

La primera pieza es que el segmento deje de ser un archivo estático que alguien de IT genera a mano. Un segmento dinámico se actualiza solo a medida que cambia el comportamiento de cada cliente, sin que marketing tenga que volver a pedirlo cada vez. 

Eso cambia la economía de la decisión, si mantener un segmento no cuesta días de trabajo ajeno, dejar de segmentar deja de ser la opción razonable. La segmentación pasa de proyecto técnico ocasional a comportamiento por defecto de cada campaña.

Aplicar el beneficio en el checkout, en tiempo real

El segundo cambio es de dónde y cuándo se aplica el beneficio, en lugar de un cupón que se envía por adelantado a toda la base, y que cualquiera puede usar lo necesite o no, el beneficio se calcula y se aplica en el momento del pago, consultando los datos de ese cliente en tiempo real. 

Es lo que en Wapping se conoce como pasarela transaccional: la plataforma resuelve en checkout si ese cliente concreto debe recibir un beneficio y de qué tipo, en lugar de aplicar la misma regla a todo el mundo por adelantado.

400ms

SLA medio para resolver y aplicar el beneficio en el checkout, en tiempo real. 

Mecánicas que suben recurrencia sin regalar margen

No todo el trabajo de fidelizar tiene que hacerse con precio, hay otras mecánicas que generan recurrencia sin tocar el margen de la misma forma que un descuento, como: la aceleración de nivel dentro de un programa por tramos, la gamificación bien diseñada, o el monedero de devolución, que da al cliente un incentivo para volver sin regalarle margen en la compra que ya iba a hacer.

Premian el comportamiento futuro en lugar de subvencionar el que ya se iba a producir.

15%

de los clientes llega a activar el comportamiento de aceleración de tier dentro de un programa por tramos.

Y esto es lo que de verdad cambia las cosas para un equipo de Marketing que lleva tiempo lanzando campañas sin poder medir bien su efecto real, no se trata solo de tener más datos, se trata de perder el miedo a lanzar una campaña, porque se sabe exactamente a quien se le está hablando y por qué.

La pregunta que hay que hacerse

¿Tu programa sobreviviría a esta revisión? Si la respuesta honesta es que la última campaña de descuento salió a toda la base sin distinguir a quién convencer y a quién no, el problema no es ese descuento en concreto. Es que la estructura de fondo todavía no permite hacerlo de otra manera.

El diagnóstico es también la hoja de ruta: el margen que hoy se regala a quien iba a comprar de todos modos es presupuesto ya disponible, solo que mal dirigido. Puede ir a quien sí necesita ese empujón para decidirse, no hace falta gastar más en promociones, hace falta decidir mejor a quién llega cada una.

Ese cambio no exige rehacer el programa de fidelización desde cero ni parar las campañas mientras se arregla. Exige que la segmentación deje de ser un proyecto que se pide una vez al trimestre y pase a ser una capacidad permanente, disponible cada vez que alguien en marketing decide lanzar algo. 

En el fondo, es la segmentación RFM aplicada a retail hecha operativa: lo demás (qué mecánica usar, cuánto margen ceder y a quién) se vuelve mucho más fácil de decidir cuando ya no hay que adivinarlo sobre toda la base a la vez.

 

 

Si a ti también te interesa entender quién es realmente tu mejor cliente antes de decidir a quién descontar, aquí tienes las matrices RFM explicadas sin jerga de consultora. Y si quieres recibir el resto de análisis a medida que se publiquen, puedes suscribirte a la newsletter de Wapping Networks.

 

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